Destacada »

2 septiembre, 2021 – 13:12 |

La Unión de Toreros, que representa a la mayoría de los matadores de toros, novilleros y rejoneadores, ha adoptado, conjuntamente con la Unión Nacional de Picadores y Banderilleros Españoles y la Asociación Nacional de Mozos …

Lea la historia completa »
Matadores

Noticias y artículos relacionados con los matadores

Novilleros

Noticias y artículos relacionados con el escalafón de los novilleros

Rejoneadores

Noticias y artículos relacionados con el escalafón de los rejoneadores

El esportón

Aquí encontrarás un lugar para compartir productos compra-venta, cambios, miscelánea…

Entrevistas

Entrevistas interesantes de miembros de la Unión

Home » Entrevistas, Noticias

César Jiménez habla claro en Cultoro.com.

Enviado por en 19 febrero, 2013 – 18:26Sin comentarios

Por MARCO A. HIERRO, Salamanca – 14 de febrero del 2013

Redacción Cultoro.com

 

CÉSAR JIMÉNEZ – MATADOR DE TOROS

«Me arrepiento de muchas cosas, pero no de estar en el G10»

 El semblante de César Jiménez es el de un hombre feliz. A pesar de los reveses de su profesión, es consciente de que «sólo cuando hay equilibrio se puede avanzar», por eso se le ilumina el rostro cuando sostiene en brazos al pequeño César, que apenas cuenta unos meses de vida. El niño le mira con una amplia sonrisa, tierna y espontanea, sabiendo ya, tal vez, que va a sentirse muy orgulloso de su padre.

César, el hombre, siente el fuerte abrazo tranquilizador de su familia, y se aferra a él porque es «lo que me hace caminar y lo que me hace sonreír». Jiménez, el torero, no habla con rencor de trabas y zancadillas. Observa, analiza y no busca culpables contra los que disparar su fobia. Se ha mirado al espejo antes de hablar y sabe que le toca ser yunque, que no hay nada personal en la situación del torero. Un espada, el madrileño, que sabe que le han «eliminado del sistema».

«Soy consciente de que era la parte más débil y que iba a sufrir consecuencias por obrar como lo he hecho», asegura César con una sonrisa, «pero creía –y creo- en lo que estaba haciendo y no me hubiera perdonado una deslealtad». Habla, por supuesto, del G10. Es él quien saca el tema con toda la naturalidad. No le da miedo afrontar que «perdimos esa guerra. Habrá otras y otros frentes, pero esa la perdimos».
¿Por qué, César? ¿Por qué se pierde una guerra en la que los implicados son los que se juegan los muslos? ¿Qué falló para que los protagonistas del espectáculo, los que llevan a la gente a las plazas, perdiesen una guerra por defender sus derechos? «No se puede pelear con el enemigo en casa. No puedes estar defendiendo unos derechos y que tu apoderado te denuncie al Tribunal de la Competencia porque también es parte implicada en tu reivindicación. Yo respeto mucho lo que hagan los demás, pero hay que ser consciente del contrasentido que eso supone». No habla con dureza ni resentimiento. Expone con aplastante lógica y serena razón. Uno tiene la impresión de encontrarse ante el torero menos comprendido y con más discurso de cuantos pueblan el planeta Toro. «Creo que aquélla denuncia supuso el principio del fin para el grupo «, sentencia, «porque con ella llegó la falta de unión. Tampoco supimos explicar bien qué teníamos previsto hacer con el dinero de los derechos de televisión».

«La idea era que fueran destinados íntegramente a una fundación para el fomento y la difusión del toreo. Crear actividades y acciones destinadas a modernizar el espectáculo y formar la afición de quienes asisten a él y lo sustentan». La imagen que recibió el aficionado, obviamente, estaba, cuando menos, sesgada.

Los nuevos argumentos en su discurso hacen que asome un brillo de ilusión a los ojos de César. No ha perdido aún la ilusión de conseguir lo que buscaba. «Queríamos socializar la imagen de la Tauromaquia, devaluada por el paso de los siglos y completamente maltratada por los ataques que ha sufrido. Queríamos apostar por el futuro, no llevarnos el dinero a casa, pero le pusimos fácil a la empresa hacernos pasar por peseteros, y ese discurso siempre cala en el aficionado».

Lo que el aficionado desconoce es que hubo toreros del G10 que hubieran ido a las ferias por debajo de los mínimos si no hubiese sido por los derechos de televisión. No sabe que ASM, empresa gestora de esos derechos, se quedó con el trasero al aire en varias ocasiones por contravenir sus demandas algunos de los toreros a los que representaba. Lo que desconoce es que existió una fehaciente deslealtad al grupo por parte de alguno de sus integrantes, instigado, seguramente, por quienes dirigían sus carreras. César no lo hizo. No le pregunto por ello al fuenlabreño. No quiero que pise los charcos que no le corresponden.

Pero, después de lo que ha pasado, apartado de las ferias más importantes, eliminado del mapa por sumarse al levantamiento, erradicado de un sistema en el que no quiere acomodo, de algo tendrá que arrepentirse. ¿O no…? «Me arrepiento de muchas cosas», espeta con una sonrisa pícara. «Me arrepiento de haber ido a Madrid el año pasado cuando no estaba en el momento de pisar esa plaza. Me arrepiento de haberme dejado llevar en algunas ocasiones, porque llegué a creer que había que estar en el sistema para sobrevivir, y ahora sé que no es así. Me arrepiento de todo ello, pero de haber estado en el G10, nunca».
¿Y las consecuencias de todo ello? Porque alguna preocupación le rondará la cabeza a un torero que cuyo futuro a corto plazo no se vislumbra fácil. «Mira, Marco», me dice clavándome la mirada con segura convicción, «yo sé que mi situación no se va a solucionar ahora. Sé que tengo por delante dos o tres años muy duros. Soy consciente y no me importa. Me han llamado de Valencia y me han ofrecido algo que no me encajó. Pedí matar la de Miura y no les encajó a ellos. No pasa nada. No voy y punto. No hay por qué enfadarse. No estoy desesperado por torear. Lo haré sólo cuando esté física y mentalmente a punto. Lo demás es engañarme». Habla con naturalidad, con sencillez, sin rencor y sin rabia. Y tal vez tenga motivos para hacerlo. No elude preguntas, no quiere pasar de puntillas por ninguno de los asuntos que se van sucediendo en la conversación. Tanto, que la charla da para tres entrevistas, para tres entregas de respetuosa sinceridad, pero sinceridad al fin y al cabo. La sinceridad de un hombre que, a pesar de todo, sigue sintiéndose dueño de su vida y de su suerte, incluso cuando pintan bastos en la partida con el futuro. Incluso cuando se tornan grises las nubes de horizonte. Es César Jiménez, y es matador de toros.

“Creo que el futuro de la fiesta pasa por la desaparición del empresario”

Pero, ¿y del pasado? Cuando César asegura que se arrepiente de muchas cosas también recuerda los componentes que le llevaron, en su momento, a tomar aquéllas decisiones. «Date cuenta de que empecé muy joven», explica, «y que nunca he hecho otra cosa que torear. Por eso me subí al carro. Y hubo un momento en que sólo escuchaba a mi alrededor que había que torear, que había que estar preparado y que lo importante era pisar el ruedo. Y te embarcas sin remos para que te siga llevando la corriente hasta que comprendes que no es ese el torero que quieres ser. Que no es así como entiendes la profesión. Es entonces cuando comienzas a plantearte tus circunstancias».

César se mira las manos. Habla del pasado sin quitar la vista de su herramienta, del vehículo de su esencia, que no siempre apareció en el ruedo cuando se le necesitaba. Desde aquel imberbe flaco y con aires de pillo al hombre asentado que acaricia a su pequeño con la misma suavidad y amor con la que toma sus trastos, han pasado muchos años. Y muchas personas. César ha sido una esponja, pero siempre se supo, sin verle la cara, que era él quien estaba delante del toro.

Es entonces cuando echamos la vista atrás y sale el nombre de Enrique Martín Arranz. «Es, simplemente, un monstruo», espeta César volviendo a mirar a los ojos. Por qué, entonces, no cuajó aquella etapa. «Fíjate que, cuando me hago la misma pregunta, siempre llego a la misma conclusión; nos encontramos en una época en la que él ya no tenía la misma ilusión y yo no estaba preparado aún para comprender su filosofía. No era fácil. Pero me dejó una huella muy profunda».

De aquéllos polvos, estos lodos, supongo… César sonríe y no contesta. Pero, entonces, ¿por qué hacerse empresario defendiendo estos postulados? ¿No falta coherencia en esa decisión? «Tiene toda la pinta, ¿verdad?», bromea el madrileño. Sonrío, claro, pero asiento. «Ya te he dicho que no he vivido otra cosa que el mundo del toro. Es donde me muevo feliz y donde tengo mi vida. Si hay quien me quiere eliminar del sistema, no me puedo enrabietar y enfadarme con el mundo. Sé cómo funciona esto y, si quiero darle de comer a mi familia, tengo que organizarme de alguna manera, pero no creo que el futuro de la fiesta sea el presente que vivimos. Por lo menos, no creo que sea esta la manera de hacer las cosas».

Debo haber puesto una cara muy rara. Se hace un silencio, como si hubiese cortado el aire alguna decepción. César se da cuenta. «Creo que el futuro de la fiesta pasa por la desaparición de la figura del empresario, y sé que es un contrasentido que ahora yo tenga parte en una empresa que regenta plazas. Y digo tenga parte porque siempre explico que yo no soy empresario. Pero te lo expongo de una forma muy sencilla».

«La mayoría de las plazas de toros pertenecen a las administraciones públicas; diputaciones, ayuntamientos, etc. Tenemos el ejemplo claro de plazas que funcionan y que no tienen empresario, sino que se rigen por un sistema de gestión directa. El ejemplo más claro es Pamplona. Allí va el toro que ellos eligen, ponen las fechas ellos, lo hacen absolutamente todo y si quieres vas y si no, pues no. Va el toro grande y el billete también lo es. Pamplona es la plaza que mejor paga a los toreros. Y, aún así, tienen unos beneficios enormes que van para la Casa de Misericordia y la hace vivir. Es de sombrerazo ese modelo», explica.

Es cierto. Pero hablábamos de futuro, y el modelo lleva funcionando ya muchos años, como funciona en Bilbao o en Santander, siendo ejemplos completamente distintos. Pero, ¿y en el futuro? «Creo que terminaremos copiando el sistema que utilizan muchos artistas. Alejandro Sanz, por ejemplo. Él es el promotor, productor, realizador y artista, y gobierna el espectáculo que propone. Cierto es que los toreros siempre nos hemos preocupado únicamente de torear y ni siquiera nos hemos planteado esa posibilidad, Bastante tenemos con pasar miedo. Pero igual que un cantante tiene a su gente que se encarga de que todo salga perfecto, nosotros también podemos tenerlo. Por eso digo que no defiendo la desaparición del empresario, sino de su figura tradicional. Yo lo entiendo más bien como un gestor».

Y tiene sentido. De esa forma, únicamente los artistas se jugarían su dinero y gestionarían la forma de meter gente en las plazas. Responde a la coherencia de mandar en tu hambre. Porque ahora, desde luego, lo tienes complicado para hacerlo, ¿no? «Yo no lo creo. Ya he dicho que sé que esta situación va a durar tres años más, y que no voy a torear mucho, pero eso no significa que no mande en mi hambre. Lo que ocurre es que lo haré de otra forma, pero porque yo lo decido, no porque me lo imponga nadie. Yo podría torear la Beneficencia de Ávila y utilizarla para cambios. Es más, me apetece mucho, pero no creo que la toree. Es decisión mía».

Lo serán todas a partir de ahora. Lo serán porque César, el hombre, ha decidido que no necesita torear para mantener a su familia. Lo serán porque Jiménez, el torero, entiende su expresión como necesidad espiritual y, como tal, no se puede forzar porque manden las circunstancias. Lo serán porque el torero y el hombre viven felices la simbiosis que protagonizan. Y no hay nada más preciso para conseguir la felicidad.

Deja un comentario!

Añade tu comentario abajo, o trackback desde tu propio sitio. también se puede Comments Feed a través de RSS.

Hay que ser agradable. Mantenga limpio. Manténgase sobre el tema. No spam.

Puedes usar estas etiquetas:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Este es un weblog Gravatar-habilitado. Para obtener su propio mundo-reconoce-avatar, por favor regístrese en Gravatar.